quarta-feira, 23 de novembro de 2016

TOMÁS SARAVÍ | Conversaciones en la ciudad oculta, con Alfonso Peña


Pocas veces el sentido de “ruptura” con el orden constituido, con la literatura alambicada, con ese pensamiento congruente que huele a humedad, se ha dado en un plumífero tan consustanciado con los márgenes de esta sociedad mal abarajada que juega con nosotros como juega el gato maula con el mísero ratón, y él se mantiene, irónico, atento al ruido de los vasos, al murmullo de las goteras, lúcido, nada se le escapa, y recorre galerías surrealistas donde pasan cosas disparatadas y participa de cocktails divertidísimos donde se codean Escher con el aduanero Rousseau y Bukowski, Roberto Arlt con la Coja y el Rufián Melancólico, junto a damiselas con los zapatos en la mano y navajas en los escotes, y la escena continúa en un callejón oscurísimo donde espera la puerta mágica que promete la aventura total, y él parece no darse cuenta de ningún detalle, almacena en sus dos hemisferios la gracia sin límite de esta divina comedia, recorre con una sonrisa no cínica sino llena de piedad, porque adivina en la locura generalizada el drama escondido en cada congénere, y él camina, sin fatigarse, entre el barrio del cine Líbano, y los recovecos de la Habana Vieja, El Mundo Maya,  Copacabana,  o la Cordillera de Los Andes, y en su antebrazo lleva sus poemas y collages y hace acopio de signos herméticos, y luces meridionales. [T.S.]


TS | "Veinte años no es nada", es la consigna del tango. En nuestro caso, Alfonso, son 22 años de amistad y, en la medida de lo posible, de haber hecho algunas cosas en este territorio que nos une, el territorio de la cultura. Nuestro reciente proyecto, que culminó prácticamente la primera semana de este año 2003, en torno a los Cuentos del San José Oculto, creo que puede interesar a los lectores de Agulha.

AP | Cuando vos decís veinte años, me encamino imaginariamente a la ventana barroca que tenía tu apartamento, que miraba de frente a una de las amplias paredes de la antigua Fábrica Nacional de Licores, hoy CENAC. Ahí se inicia esa suma de experiencias, que poco a poco se nos dieron para cimentar un imaginario alrededor de la ciudad de San José, que agrupa a amigos de diferentes ámbitos hasta conformar una serie de ideas, temas y proyectos, y hoy podemos hablar de la culminación del proyecto del San José Oculto; es un proyecto integral con un volumen en el que participan ocho narradores y cuenta con un diseño muy moderno; y está acompañado de una interesantísima muestra gráfica del artista Juan Bernal Ponce. Esto lleva el sello de las Ediciones de Arte Andrómeda y el Taller de la Imaginación... El libro como un objeto de arte.

TS | Más que un libro, se podría señalar como un proyecto cultural integral, al estilo del Movimiento Andrómeda.

AP | Podríamos hablar de ilustres antecesores... como el caso del surrealista Max Ernst, uno de los pioneros para que se diera las bodas entre el cielo y el infierno... Para que se diera el diálogo esencial entre gráfica y literatura... A lo largo del siglo XX se dieron muchos casos. Los dadaístas, El surrealismo, el movimiento ultraísta que dirigía Borges; en los últimos decenios se han retomado esos conceptos y sabemos de experiencias semejantes de Antoni Tápies con poetas catalanes, Octavio Paz con artistas alemanes, los libros de textos y fotografías de Cortázar, los libros de artista –tan en boga, hoy en día– entre plásticos y poetas. San José Oculto es una complicidad entre lo narrado y lo grabado. En esta comunión hay un hecho sobresaliente, el lector y el observador del grabado, en última instancia, son los favorecidos. Recordemos que, además del volumen de cuentos, de manera adicional los grabados que acompañan los textos se presentan a los coleccionistas en una cuidada edición gráfica, numerados y firmados por el artista. Con esto reafirmamos la identidad de las Ediciones de Arte.

TS | Esta ciudad que llamamos Oculta, donde tuvo varias de sus sedes la revista Andrómeda, a la cual he caracterizado varias veces como el París Josefino... A este casco antiguo, quiérase o no, le debemos algo...

AP | Sin caer en pedantería, nadie mejor que Andrómeda para llevar a cabo un proyecto como el que nos ocupa. Ya lo vislumbrábamos, desde los albores de la revista, cuando poco a poco se acercaron los poetas, se aunaron los artistas gráficos, se sumaron los plásticos, gente de cine, etc De manera "invisible" se fue armando un andamiaje que con el tiempo produciría una serie de sorpresas atractivas para quienes de una u otra manera mantenían un diálogo con los diversos grupos del trabajo que girábamos alrededor de una idea mancomunada que era hacer y mantener una revista de arte, que se convirtió poco a poco en una reunión de amigos, en intercambio de ideas. Podríamos recordar las sesiones de los sábados, donde participaron durante 15 largos meses muchos artistas, invitados internacionales, poetas, músicos que pasaban por San José. Esa fue la dinámica de Andrómeda: el pluralismo, la democracia, el debate de ideas, el intercambio, el puente y el canje con revistas y artistas de toda América Latina... y otras latitudes... Sin perder de vista que lo hacíamos al amparo de la Ciudad Oculta...

TS | He sido testigo de eso a lo largo de esos años, un testigo comprometido con esa causa, y he visto cómo ante los ojos sorprendidos de la "burguesía josefina", de la "clase media ilustrada" que se acercaba a intimar con este mundillo muy bohemio de artistas de todo tipo, se fue gestando realmente un Movimiento. No sobre la nada, porque debemos recodar que, como telón de fondo, la revista Andrómeda, entre el año 80’ y el 90’ llegó a editar 33 ediciones, además de las ediciones en formato de libro y una actividad cultural que era permanente y que se desarrollaba en un marco sui géneris: presentaciones de libros, arte conceptual, recitales, charlas, ciclos de arte contemporáneo, mimos, sesiones surrealistas, música experimental... Siempre en el ámbito de la creatividad y las ideas.

AP | Precisamente hace pocos días conversé con alguno de los poetas que hoy se acercan a la sede de Andrómeda. Los visitantes se quedan sorprendidos al comprobar la apertura y las puertas abiertas de Andrómeda. Al rato vino la pregunta de rigor: "¿cómo idearon un proyecto de este tipo?" De inmediato, como un relámpago, recordé una reunión informal que algunos amigos tuvimos en un café de la universidad, con tres o cuatro poetas y algún gráfico centroamericanos: salvadoreños, hondureños, nicaragüenses. Ante la escasísima posibilidad que existía en aquel momento de publicar textos, de ver publicados los poemas, los cuentos, los grabados, nos lanzamos a hacer un primer número, sin pensar en las implicaciones ulteriores. El resultado de esto fue que de un momento a otro teníamos en nuestras manos un material modesto que era la publicación impresa. Era como tener en las manos una metralleta, como la tiene un francotirador, y entonces te jugás el pellejo, porque ya no hay manera de que aquello regrese a las gavetas sino que comienza a circular, va a la calle. Esa primera edición nos abrió los ojos de que en un país como Costa Rica, muy parecido a cualquier otro de América Latina, se nos daba la posibilidad de tener un medio impreso, independiente, insurrecto, no complaciente...

TS | Lo recuerdo perfectamente, porque fue en aquella época, alrededor del año 80, cuando me sorprendió conocer los números 1 y 2 de Andrómeda. Que, por cierto, son los únicos que salieron en un formato más pequeño, artesanal, con una impresión algo precaria; de inmediato se abrió ante mis ojos un mundo nuevo porque había poetas ticos y centroamericanos de una gran calidad. Fue en ese momento, que me adherí a ese proceso nuevo; simultáneamente lo iban haciendo sectores importantes de la cultura. Qué buena sorpresa fue encontrarme una mañana, en la oficina de Andrómeda, al Grupo de Humoristas de la Pluma Sonriente con la presencia emblemática del maestro Hugo Díaz, protagonista de grandes luchas. Pasarían pocos días para que otro maestro, esta vez el nicaragüense Pablo Antonio Cuadra, se hiciera presente en la redacción de la revista.

AP | Ese fue un hecho muy importante. Fue una especie de aguijón vital. Una tarde tuvimos un encuentro con Pablo Antonio; por gentileza de los poetas nicaragüenses Mario y Francisco Santos se hizo la conexión. Fue una posibilidad de encontrarnos con Cuadra y tener la oportunidad de estar con una figura de su talla y de observar el interés de él por conocer de cerca las inquietudes de aquellos jóvenes escritores y pintores que se iniciaban en esas labores. Era una persona con una cultura fuera de serie y, además, un verdadero humanista; él nos permitió un diálogo amplio, franco y cordial durante una larga tarde, que luego se extendería por dos décadas...Recuerdo que hablamos de la poesía centroamericana, del flagelo de la guerra en Centroamérica, el problema de la diáspora centroamericana... la amargura del exilio, los gorilas y monigotes en el poder, sobre la complejidad de esto que llamamos " la cintura de América". Fue un estímulo muy positivo; y nos entusiasmó comprobar que un poeta universal se mostraba interesado en conocer lo que hacían los jóvenes creadores en Centroamérica. Este encuentro fue más o menos cuando se habían editado los números dos o tres. No había transcurrido un mes cuando Pablo Antonio, desde las páginas del suplemento cultural La Prensa Literaria de Managua hizo una reseña de la revista y reprodujo poemas y cuentos de algunos de los escritores que habían participado en aquellas ediciones. A partir de ahí con los escritores nicaragüenses tenemos un buen encuentro y se van abriendo muchos espacios para tener un diálogo plurivalente con diversas revistas y suplementos de América latina y otras latitudes.

TS | Al mismo tiempo se comenzó a desarrollar una intensa actividad cultural, pero en un subsuelo marginal, que alguna periodista desde un medio oficial caracterizó como "contracultural", porque la propuesta del Movimiento siempre fue enfrentar al orden constituido. Si no no tiene gracia; qué clase de vertiente surrealista encontrás en un movimiento si no se enfrenta con las fuerzas del orden, en lo político, en lo literario, en lo religioso. Como bien decís, hubo un momento en el cual en algunos países centroamericanos y sudamericanos, y también en cuarteles dispersos literarios libres de México, sin olvidarnos del Movimiento Chicano, muy pronto se establecieron contacto con Andrómeda...

AP | Fue como una explosión. Era emocionante ver la redacción de la revista llena de revistas y libros de muchos países, y alrededor de esa mesa de trabajo muchos escritores y poetas y pintores leyendo con avidez y entusiasmo aquella información. Vos podías encontrar desde revistas como Crisis, Plural, Tiempo de Combate, Gradiva, Golpe de Dados, Casa de las Américas, El pez y la serpiente, La selva subterránea, Nicolau, Hora de Poesía, Anthropos, entre otras, hasta boletines y manuales de los movimientos de liberación latinoamericana. Recíprocamente, nuestras ediciones circulaban por América Latina y el intercambio era muy fluido, máxime que todavía no existía la comunicación vía internet. Además, recordemos que San José tiene un movimiento bastante cosmopolita, es un ir y venir, es un lugar de paso, al igual que en los tiempos de nuestros pueblos primigenios. Pareciera que toda Centroamérica es un lugar de paso y estratégicamente bien situado.

TS | Existe un pasaje en la génesis del Movimiento Andrómeda que habría que destacar. Es algo que poco se recuerda. En el año 80-81 yo trabajaba como artista callejero y algún día, (seguro que en un fin de semana), andaba disfrazado de uno de mis personajes, El Monstruo Verde; invitado por el poeta Rodolfo Cerdeño pasé a dar una vuelta por Andrómeda, que estaba situada en un punto estratégico del San José Oculto, en un local del Centro Comercial El Pueblo. Ese centro es como una reproducción del barrio La Candelaria en Bogotá; es un lugar lindísimo. Recuerdo que entre broma y broma con los transeúntes yo caminaba por los pasillos y las escaleras y me preguntaba cómo es qué Andrómeda estaba allí...

AP | En aquel momento el Centro El Pueblo, atravesaba una crisis financiera; no había logrado proyectar una imagen definida, para atraer un público que tuviera todo tipo de manifestaciones en esa infraestructura tan onerosa y tan difícil de mantener. Ahi es donde aparece Edith Cossio, una señora colombiana que trata de dar otra imagen al lugar. A la par de los restaurantes, y los cafés de tipo europeo, y las discos y las boutiques, los salones de baile y todo tipo de bares, poco a poco van apareciendo los estudios de pintores, de fotógrafos, de dibujantes, de caricaturistas y hasta de alguna poetisa soñadora y progresista. Por sugerencia de algún amigo común Edith Cossio se enteró de la existencia de Andrómeda y nos propuso una interesante agenda cultural, a cambio de uno de aquellos locales. A partir de ahí efectuamos un gran despliegue de actividades plásticas, literarias, poéticas, entre traguito y traguito de ron... Aquello, como era de suponer, no duraría demasiado. Estuvimos ahí, en medio de aquella vida nocturna y acelerada aproximadamente un año. Creo que la gestión de nuestra amiga colombiana salió favorecida con la ayuda de los artistas, pues con ese tiempo de animación cultural El Pueblo se convertiría en un lugar atractivo y muy concurrido.

TS | En medio de ese desbarajuste, me sorprendió encontrarme con alguien (yo soy ríoplatense) que manejara tan bien ciertas claves del submundo literario de Buenos Aires y Montevideo. En aquel momento, Alfonso, ya tenías un buen conocimiento, sobre todo en un territorio americano balcanizado, donde nos han dividido, y han tratado de que nunca juntáramos aportes culturales de un pueblo con el otro, del uruguayo Felisberto Hernández y los argentinos Santiago Dabove y Macedonio Fernández. No era habitual que en Costa Rica se discutieran en aquel momento estos autores, por la incomunicación existente e incluso porque en sus propios países aún no habían sido plenamente reconocidos.

AP | Esto se debe a que desde muy pequeño me interesé por la ficción y la literatura fantástica. Después de leer a Allan Poe, a Hoffman, a Stevenson, entre otros, tuve que hacer el pasaje a la literatura ríoplatense tan conectada con esta tradición norteamericana y europea. En aquel momento se me abrió una serie de corredores novedosos, escenarios lúdicos, ventanales circulares, y me encontré ante un universo fascinante. Muy temprano tuve la dicha de descubrir a un escritor como Felisberto Hernández. Me pareció tan asombroso que un hombre que se ganaba la vida tocando piano en los suburbios de Montevideo y el interior de Uruguay hiciera esa clase de literatura. El primer cuento que leí de Felisberto fue "Las Hortensias"; aquello me pareció tan extraordinario que de inmediato empecé a rastrearlo. Y es que, vos lo sabés, el mundo literario de Hernández es una experiencia insólita y enriquecedora, y al adentrarse en su escritura depurada, totalmente personal, con una carga de recursos poéticos, los objetos inanimados van adquiriendo su propia vida y son elementos importantísimos en ese "submundo" cargado de chistes metafísicos, gags, alucinaciones, o en su defecto las casas abandonadas, las puertas misteriosas, las casonas solitarias donde perviven extraños sujetos con excéntricas mujeres mordidas por la neurosis. Lo anterior me impactó de una manera directa, pues como te dije venía de un pasaje por la literatura fantástica norteamericana y europea y aquello que se me presentaba me parecía maravilloso. A través de Hernández, fui conociendo a otros escritores y cuentistas argentinos y uruguayos, como el caso de Dabove, o Roberto Arlt o Juan Carlos Onetti, éstos dos últimos, sin ser del todo escritores fantásticos, tienen una gran garra y especial valentía para contar, o aquellos dos gigantes que hacían literatura fantástica y antologías y libros policiales al alimón, Bioy Cásares y Borges.

TS | Podríamos decir que fuiste fuertemente influenciado por esa corriente...

AP | De alguna manera es una marca indeleble. Seguro que son especies de pecas y otros vestigios en la manera de contar, en las descripciones, en el uso del lenguaje. Aunque tal vez eso se da en los primeros años, luego vendrían otras vertientes.

TS | Para mí también fue una sorpresa en los primeros años ochenta, encontrar en este sorprendente medio cultural, gente que manejaba con gran soltura los referentes de tipo esotérico, algo que es muy propio de San José; donde se conoce con gran propiedad la tradición hermética, el ocultismo. Había verdaderos eruditos en esos temas. De pronto podías descubrir, yo por lo menos lo descubrí, un fenómeno muy generalizado que alguna gente de la propia ciudad es reacia a entender.

AP | Tenés razón. No podemos pasar por alto las alargadas y agotadoras disertaciones del alquimista Disifredo Garita. O la turbia presencia del Santón Martín Bosco, o de las lecturas del tarot que nos hacía Alma la gitana... O aquellos cónclaves que se extendían durante varios días cuando aparecía un mago callejero y pernoctaba entre la redacción contando sus recientes descubrimientos, hallazgos y experiencias. Mientras tanto, en la avenida centroamericana se desarrollaba la bronca... Fueron los años del derrocamiento, exilio y ejecución de Somoza, las luchas de Nicaragua, Guatemala y El Salvador. Alguna gente no entiende como en el cenáculo de Andrómeda sucedían las cosas que acabamos de describir.

TS | Costa Rica tiene una tradición literaria muy valiosa, con nombres como García Monge, Brenes Mesén, Calufa, Joaquín Gutiérrez, Fabián Dobles, Carmen Lyra, Azofeifa, Amighetti, Max Jiménez, Eunice Odio o Yolanda Oreamuno, que son los antecesores... Al referirme a este tema, quiero comentarte algo sobre un capítulo relacionado con la vida de Andrómeda que yo me perdí casi por completo, porque hubo un personaje de singular importancia en la poesía, en el periodismo, en el cuento fantástico, que era Alfredo Cardona Peña. Vivía en la ciudad de México; las veces que vino por acá, mantuvo reuniones con los poetas y escritores de Andrómeda, sobre todo aquellas que se daban en aquel misterioso Bar Morazán, frente al Parque del mismo nombre, siempre en el San José Oculto.

AP | Creo que con Alfredo Cardona, tuvimos un primer contacto en el año 85. En una de las invitaciones que le hizo la editorial de la UNED para publicar alguno de sus libros. Fuimos a uno de sus kilométricos recitales de poesía con el poeta David Maradiaga. Le entregamos ejemplares de Andrómeda y Alfredo se interesó muchísimo; nos contó que ya la conocía, pues él era colaborador de Plural y, además, la revista circulaba en el DF; se distribuía en una de las librerías de la Zona Rosa y era conocida por diversos poetas y escritores. Nos expresó que como tico, se sentía muy complacido y orgulloso con la publicación y nos reiteró que le parecía que esta revista en nada se parecía a la literatura costarricense, pues tenía proyección latinoamericana y que era sorprendente que fuera editada en San José. A partir de ahí nos hicimos amigos y cada vez que venía nos encontrábamos. Generalmente llegaba en diciembre y se quedaba durante el mes de enero.
El Bar Morazán era su preferido. Recuerdo que en este bar, que es de finales del siglo XIX, departíamos y manteníamos los encuentros: eran horas y horas de conversación... Tomábamos el bar por asalto; juntábamos dos o tres mesas frente a la vieja rockola, y mientras en la máquina sonaban canciones de Rocío Durcal, Sandro, Los Iracundos, Daniel Santos, Gilberto Hernández, Roberto Carlos, Leonardo Fabio, Julio Jaramillo, o un tango de Magaldi, Alfredo leía con su desenfado particular un poema de reciente producción... Aquello era como una escena fantasmagórica. Imagínate, aquel hombre que nos llevaba una enorme cantidad de años, rodeado de poetas y jóvenes escritores, contando anécdotas, vivencias... Él era un gran conversador e improvisador, además de su cimentada cultura y el aire jovial que tienen los verdaderos artistas, y eso lo valoramos y siempre le agradecimos su amistad, consejos literarios y cariño.

TS | Alfonso, vos, como escritor fantástico y además con una dosis de humor negro que sobresale en tu producción y en tu personalidad, nos podés hablar acerca de aquella memorable "joda", que en algún momento se calificó como "La última cena de Andrómeda".

AP | Cuando llegamos a la edad de los 33 números de la revista, organizamos un festejo para celebrar el décimo aniversario. Monsieur Lacroix, director de la Alianza Francesa en San José, patrocinó aquella celebración. Desde mucho tiempo atrás, él era un amigo incondicional de Andrómeda. Esa noche se dio una concurrida asistencia de amigos y colaboradores, poetas, escritores, editores, artistas plásticos y gráficos, cineastas, etc. En un marco de gran solemnidad, en una de las salas de la Alianza se proyectaron las 33 tapas de la revista; como contrapartida se escuchaba una tenebrosa música progresiva. Luego participaron dos poetas y leyeron sus creaciones. Después emergieron los saloneros con el vino francés y las exuberantes comidas. Se bailó, se cantó y se festejó hasta medianoche. Cuando las candilejas de esa antigua casa –que también está establecida desde el siglo XIX en el San José Oculto- se extinguieron, nadie se percató de que había sido una "joda". Nadie advirtió que había presenciado un asesinato freudiano; simbólicamente, los concurrentes, habían asistido al gozoso homicidio de la revista Andrómeda. Porque esa fue la noche final.

TS | ¿Qué sucede en el posterior período de silencio que duró algunos años?

AP | Después de aquella "inolvidable despedida" cerramos el fortín por un buen tiempo. Poco después, con el correr del tiempo, y ante la urgencia de mantener viva la comunicación internacional, aproximadamente desde 1995 establecimos de nuevo contacto con diferentes amigos que estaban activos en sus proyectos. Luego de caminar e intercambiar conocimientos por diversos talleres y editoriales de América latina, participé en varias ferias del libro y de la poesía; con nuevos bríos y renovadas fuerzas lanzamos la propuesta del Taller de la Imaginación que se fusionó con Ediciones Andrómeda. Además, ya estábamos conscientes de las nuevas corrientes tecnológicas. Internet avanzaba aceleradamente, se nos venía encima la globalización, etc.
Cuando reiniciamos nuestra ediciones, ya fueran gráficas, de artistas consolidados latinoamericanos o en el formato de libros de arte, comprendimos cabalmente la fuerza que tenía Andrómeda. De inmediato muchos amigos del continente nos ofrecieron su adhesión, y ni qué decir de nuestro pueblo, de nuestros lectores, de nuestros allegados, que nos respaldan con una alta dosis de generosidad.
La propuesta de Ediciones Andrómeda, se fundamenta en la publicación de libros de poesía, escultura, narrativa, y plástica. Son ediciones muy bien cuidadas, casi todas con su paralelo proyecto gráfico. En cada una participa un equipo profesional de editores, diseñadores, artistas, etc. Cada obra viene acompañada de una edición especial que se diferencia de la que se hace en rústica.. Con lo anterior logramos un estímulo importante, ya que incentivamos la lectura y la adquisición de libros novedosos acompañados de un grabado de un artista contemporáneo, todo esto a precios muy accesibles. La respuesta ha sido inmediata y apasionada por parte de los lectores y seguidores del arte contemporáneo.

TS | Paralelamente, aparece la revista Matérika

AP | Conforme se fueron dando las diferentes colecciones, nos dimos cuenta de que era necesaria una publicación con el formato de revista. Entonces, con el escritor Guillermo Fernández y un selecto equipo de colaboradores nacionales y continentales diseñamos el proyecto de la revista Matérika. La publicación es de un formato "manejable", con materiales de primera mano y un diseño atractivo. En ella participan autores y artistas de renombre, aunque también se asigna un considerable espacio a los artistas jóvenes. Creemos que con esto contribuimos a mantener viva la identidad del Movimiento; es una especie de antena, es una revista que apuesta por la cultura y el arte del continente. Actualmente preparamos la edición N° 7. En ella se podrá leer materiales muy variados. Veremos en sus páginas a artistas como Claudio Willer, García Lorca, Carlos Barbarito, Wilfredo Lam, Rodrigo Quesada, cuentos de Felisberto Hernández en su centenario, poesía y cuento joven costarricense, con una muestra gráfica de la grabadora Ileana Moya.

TS | En los mentideros literarios del ciberespacio se comenta, cada vez con mayor insistencia, algo que tiene que ver con un proyecto surreal, tan surreal, que podría ser surrealista y que está manejado por las manos de Floriano Martins y Ediciones Andrómeda...

AP | En efecto, la noticia circula en el ciberespacio. Es una comunicación de Ser Espacial, que es un suplemento electrónico que atende a las publicaciones Agulha, Alô Música y TriploV, de Brasil y Portugal. Podríamos resumirla de la siguiente manera: generalmente se cree que el surrealismo solo tuvo fuerza en París y en algunas otras capitales europeas. Y cuando se habla o se escribe del Surrealismo Latinoamericano, muchas veces el que escucha arruga el ceño, como diciendo: éstos viven en el limbo... Algo así.
Floriano Martins, poeta e investigador brasileño, durante décadas se ha dado a la tarea de investigar ese movimiento surrealista latinoamericano, que ha estado vivo y sigue latiendo en diferentes ciudades como Medellín, Buenos Aires, Montevideo, Caracas, el D.F., São Paulo, entre otras... El surrealismo latinoamericano no está momificado ni mucho menos petrificado. Anteriormente (estamos hablando de una buena cantidad de años) se hizo un intento por abordar este tema. El español Ángel Pariente preparó una antología del surrealismo en lengua española, incluidos los poetas españoles. Luego, Stefan Baciu, agrupó a algunos poetas surrealistas latinoamericanos y solo por el hecho de llamarse así dejó por fuera a los brasileños y a los francofonos... Baciu, solo tomó en cuenta que la selección la hizo pensando en los latinoamericanos que en algún momento estuvieron ligados al movimiento surrealista. Craso error... Creo que el tema es candente. Los lectores interesados pueden localizar en www.triplov.com un dossier muy completo sobre esto que estamos conversando: Surrealismo: poesía y libertad.
Actualmente, estamos trabajando en lo que será esta completa antología del Surrealismo Latinoamericano. Creemos que este será un buen proyecto para este 2003 que se inicia...

TS | Sin hablar en términos demasiado concretos, pues se sabe que cada proyecto, debe tener su elemento sorpresa, su reserva y su tiempo de gestación, ¿podríamos conocer en qué tiempos y con qué métodos se realizará?

AP | El prólogo y la selección son de Floriano Martins. El libro incluirá una representación de 30 poetas; además, traerá una muestra gráfica del artista Fabio Herrera con la serie de los retratos de los vates surrealistas latinoamericanos. Floriano Martins, ferviente investigador del tema, ha adelantado que su trabajo está dedicado al escritor costarricense Max Jiménez, considerado por él como uno de los más importantes artistas surrealistas de América latina. Se proyecta a un plazo de cuatro meses. La edición será de muy buena factura y circulará por diferentes capitales del continente. En el N° 7 de Matérika que aparecerá muy pronto, adelantaremos algo más de este proyecto, mientras tanto mantengamos la calma.



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Organização a cargo de Floriano Martins © 2016 ARC Edições
Artista convidado: Fred Svendsen (Brasil, 1960)
Agradecimentos: Amirah Gazel
Imagens © Acervo Resto do Mundo
Esta edição integra o projeto de séries especiais da Agulha Revista de Cultura, assim estruturado:

1 PRIMEIRA ANTOLOGIA ARC FASE I (1999-2009)
2 VIAGENS DO SURREALISMO, I
3 O RIO DA MEMÓRIA, I
4 VANGUARDAS NO SÉCULO XX
5 VOZES POÉTICAS
6 PROJETO EDITORIAL BANDA HISPÂNICA
7 VIAGENS DO SURREALISMO, II
8 O RIO DA MEMÓRIA, II
9 SEGUNDA ANTOLOGIA ARC FASE I (1999-2009)
10 AGULHA HISPÂNICA (2010-2011)

Agulha Revista de Cultura teve em sua primeira fase a coordenação editorial de Floriano Martins e Claudio Willer, tendo sido hospedada no portal Jornal de Poesia. No biênio 2010-2011 restringiu seu ambiente ao mundo de língua espanhola, sob o título de Agulha Hispânica, sob a coordenação editorial apenas de Floriano Martins. Desde 2012 retoma seu projeto original, desta vez sob a coordenação editorial de Floriano Martins e Márcio Simões.

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