quarta-feira, 23 de novembro de 2016

ALFONSO PEÑA | Hemingway, Olga Guillot y Paquito D’Rivera en la vida de un maestro de América: Ray Tico


Conocí a Ray Tico la tarde en que Gerald Mejía –amigo bohemio, nocherniego–, en un gesto de inusual camaradería, encontrándonos  en la Soda Palace, a mediados de los setenta, de un momento a otro me dijo: “¿Te gusta esta camisa? Es de Ray Tico, te la regalo”. Al rato, me confesó que había estado en el bar El Piano Blanco y que Ray se la había obsequiado; como a él no le quedaba me la cedía a mí. Observé más de una vez la camisa; era una fina prenda de seda italiana, muy apropiada para cantar o bailar o salir en busca de la reyerta nocturna… A los días, yo la exhibía en los diferentes ámbitos capitalinos. No exagero si digo que esa camisa de seda blanca salpicada de círculos negros me trajo una sorprendente suerte por aquellos días.
Antes de ese episodio, yo ignoraba quién era el  connotado personaje, autor de “Eso es imposible”. Después de ese insólito contacto, le seguí la pista durante algún tiempo. En los comienzos de los años ochenta, cuando el Centro Comercial El Pueblo era un hervidero de poetas, pintores, dibujantes, escultores, bares, discotecas, supe que Ray Tico tocaba e interpretaba allí sus composiciones durante algunos días a la semana. En El Pueblo tenía su guarida. Asistí a alguna de aquellas veladas inolvidables; con frecuencia lo visitaban notables músicos y compositores amigos suyos que llegaban de otros países para llevar a cabo los célebres “chivos”, término que se utiliza en el  argot de la farándula latinoamericana. 
Tener la suerte de vivir una noche “al estilo Ray Tico” era un verdadero privilegio. Con el tiempo, también lo seguí a los bares que montó en diversos sectores de  la capital. Poco a poco tuvimos un acercamiento amistoso. Mantuvimos pláticas, encuentros, intercambios, “chivos” en nuestra casa y en la de amigos; él era una voz sincera, humilde, popular e infaltable, y como él mismo afirmaba todo el tiempo: “Toco y canto, haya o no haya dinero”.
“Una guitarra es el mejor medio para hacer vibrar a una mujer y, si se tiene algo de voz ni se diga; además si se le dice que tal canción está dedicada a ella, te lo digo, mi hermano, la mesa está servida…”
Este pensamiento, que con pequeñas modificaciones y variantes  el Maestro utilizaba en más de una ocasión, como una especie de emblema (se podrían sumar algunas que tenía escondidas bajo  la manga de la camisa y podríamos conformar el decálogo de Ray), se puede encontrar en más de una de sus composiciones.  Ray Tico hizo de la guitarra –con su dominio, con su destreza– el artefacto magistral para poder mantener diálogos musicales con artífices de la talla del Niño Rivera, Tito Puente, Beny Moré, Chano Pozo, Olguita Guillot, José Antonio Méndez, Paquito D’Rivera, César Portillo de la Luz, entre muchos otros.
Su “amada guitarra” ya no está con nosotros. Unos meses antes de su despedida final, me dijo, con su acostumbrado acento limonense universal: “lo más lindo que hay en el mundo es la  guitarra, la mujer y los ricos sandwiches de Puerto Limón”. Ese era su estilo, su manera de ver la vida con simplicidad. Lo profundo estaba en su dinámica forma de vida y en su creación, aplaudida en muchas latitudes, aunque él nunca perdió su calma limonense, que lo hizo universal. [A.P.]

AP | Me llevo la agradable  sorpresa de que Ray Tico cumple el día de hoy setenta y cinco años… Después de que has tenido una carrera artística tan fructífera, desde el momento en que te iniciás en la música  siendo un niño, en Puerto Limón, que vivís toda tu vida en permanente actividad y llegas a tus setenta y cinco años, con esa plenitud, la energía, la creatividad de que hacés gala…  ¡Salud, Maestro!

RT | Eso es una bendición de Dios, porque desde que tengo memoria no tuve norte, ni sur, ni oeste, ni este. Yo fuí un niño que era como un barrilete… dando vueltas y vueltas…  pero con una mano celestial cuidándome. Fui abandonado por mis padres; entonces tuve que criarme y desarrollarme totalmente solo, buscando la forma de subsistir e ideando muchas maneras de sobrevivencia. Fui limpiabotas, barredor de barbería, vendedor ambulante. Pero a la vez era un niño muy cuidadoso, educado, decente. Me gustaba el mar, bañarme en los ríos. Hasta que crecí, pero siempre con una mano que me guiaba. Creo que es la presencia del Señor, yo no encuentro ninguna otra justificación. De idéntica manera,  puedo referirme a mi salud y a la alegría que tengo por el arte, por la vida…

AP | Tenemos un esquema bastante aproximado de lo que fue tu infancia, de tus inicios en Puerto Limón. ¿En qué momento Ray Tico siente  el llamado de la música? Sabiendo, que vos te iniciás más  o menos a tus cuatro años de edad y que ya a los cinco años  tocabas las maracas, cantabas y bailabas por las calles y barrios de Puerto Limón…

RT | Es que las “maracas” no me sonaban, no tenían melodía. Solo era como una percusión, como el sonido de una cascada  muy lejana. De ahí sale mi interés por la música. Yo quería experimentar lo que era un acorde, un contrapunto. Y en la barbería donde yo trabajaba había una guitarra, tan grande que sobrepasaba mi estatura. Y mientras yo barría escuchaba la melodía y aquellos sonidos, esos acordes no me dejaban tener tranquilidad, durante el día y a la hora de dormir siempre estaban retumbando en mi interior.

AP | ¿Quién tocaba la guitarra?

RT | En primer lugar, el barbero, Don Alonso Sovalbarro. Y también la tocaban los visitantes, los amigos, los clientes de la barbería, mientras aguardaban a que el barbero los atendiera. En algún momento apareció una muchacha muy simpática, ella era Conchita Coblens; me dio los primeros secretos del instrumento. El do, el la, el  re… en fin… Y ahí comencé a componer y a cantar  muchas canciones en un solo tono, hasta que el oído se me fue educando. Pienso que así se inicia mi aprendizaje. Con el barbero y esa linda muchacha llamada Conchita. A partir de ese encuentro comienzo a recorrer los muelles cargando mis maracas y alguna guitarrita que alguien me prestó. Entonces  paseaba por el tajamar y ese paisaje, cargado de colores tropicales, me embriagaba. Sin temor me acercaba a los turistas y a los marineros y a todos ellos les cantaba. Esas personas  se quedaban admirados de ver un niño ganándose la vida de aquella manera… Y me daban naranjas, manzanas y algunas monedas. También me encantaban los sandwiches de Limón, ¡Ah, que sandwiches los de Puerto Limón, ya no los volví a ver!

AP | Ray, estamos ubicados en los años treinta, cuando vos tenías unos 8 años de edad.  Existe en tu vida una anécdota famosa.  Un barco que llega y otro que se va.

RT | Ahhh… En el barco que llegaba venía don Pedro Vargas,  él venía contratado para cantar en el Gran Hotel Costa Rica; por aquel tiempo llegaban muchos artistas de renombre al país. Don Pedro venía en el barco Veragua, de la United Fruit Company, con capacidad para 200 pasajeros,  acompañado de Lorenzo Varselata, el compositor de aquella canción que dice: “tuyo es mi corazón, oh sol de mi querer…” Marianela se llama la canción. También los acompañaba Chaflán, un humorista mexicano que por aquellos años tenía gran vigencia. En ese momento yo cantaba –como te dije– acompañado con mis maracas. En el momento en que Don Pedro descendió del barco yo le canté “India Mía”, una canción que él interpretaba en una película. Él no podía actuar, pues era tartamudo, y entonces solo cantaba. La canción dice: “Tu eres mi amor, India mía, tú eres todo mi querer, el ave vive en su nido, tú vives en mi alma, mujer.”  Yo ví la película, pues en esos días la proyectaban en Limón.  Le dije: “Don Pedro, esta canción es suya, la conocí y me la aprendí de una película que están dando aquí en Limón…” Don Pedro con gran efusión me felicitó y me regaló veinte colones que por aquella época era una fortuna en manos de un niño de 8 años.
En el otro barco se disponía a partir hacia algún destino caribeño o centroamericano el presidente costarricense Rafael Ángel Calderón Guardia. Recuerdo que se formó una gran aglomeración de amigos y conocidos del presidente que llegaban a despedirlo. Ellos al verme forcejeando para estar en primera fila, para poderle cantar, me abrieron espacio y se formó como una especie de abanico. Yo me acerqué y le dije: “Señor presidente quiero cantarle una canción”; él me hizo una seña y se sonrió, y entonces yo le canté algún tema original. Cuando terminé, en señal de agradecimiento, con emoción me obsequió otro dinerillo. Con los acontecimientos de ese día sentí que era un privilegiado…

AP | Poco tiempo después dejás Puerto Limón y te trasladás a San José…

RT | Ese fue otro hecho –como mucho de lo que me ha sucedido– extraordinario. Un día de tantos pasó un equipo panameño de basketball por Limón. En el momento, cuando les cantaba mis canciones, se me ocurrió decirles si no me podían llevar a San José y los “panas” muy simpáticos me nombraron su “mascota”. ¡Imaginate! De pronto en San José.  Con ellos conocí el frontón Jai-alai… y otros gimnasios, y en verdad era su mascota. Los “panas” ganaron casi todos los partidos. Después de una vibrante semana regresaron a su país y me dieron algunos balboas y  me desearon toda la suerte.  De verdad que la iba a necesitar. Un día después estaba cantando en el Teatro Latino por la dormida. Ese era un teatro que quedaba por el Paseo de los Estudiantes, ahí hacían revistas musicales y actuaban destacados  artistas como Carmen Granados, Elizabeth Alvarado, Mario Chacón, Toñita Murillo, El trío Alma de América, y otros más.

AP | La “suerte” ronda tu vida.

RT | Sí…  está presente en mi vida. La suerte ha estado conmigo, pero de la buena. Muchas veces he tratado de explicármelo. Aunque siempre repito lo de la mano divina. Pienso que “no desperté” de esa magia que el Creador me dio… pues si lo hubiese hecho y veo la realidad me hubiera llenado de pánico… y hubiera gritado mamaaaaaaaa y seguro que me hubiese puesto a llorar… y nada más… se acabó. No desperté, y te confieso que continúo sin despertar y todo me parece un sueño. Imagínate que siendo  un muchacho, en Caracas, me tocaba dormir a la entrada de las iglesias, esperando que el sacristán abriera para dormir unas horas. Y de la misma manera podría enumerar muchas situaciones y lo curioso de esto es que siempre había una mano amiga que me ayudaba y no me dejaba caer en un trance desagradable. Recuerdo como un detalle especial que el primer intento de viaje lo hice en el barco Juana que salía del Puerto de Puntarenas. Después de varios días de navegar llegamos a San Diego California y la migra no me dejó desembarcar porque era menor de edad… Volví a Puntarenas sin que me ocurriera nada… Siempre la suerte.

AP | ¿De dónde surge el nombre artístico de Ray Tico? porque vos tenés un nombre demasiado largo, demasiado complejo. Ramón Jacinto Herrera…

RT | Después de alguno de mis periplos por América latina, me establecí durante un buen tiempo en Bogotá. Ahí permanecí contratado por hoteles y bares. De vez en cuando nos reuníamos en un bar en el barrio La Candelaria. Ese sector de Bogotá se distingue por la variedad de lugares y la intensa vida artística. El bar se llamaba Miramar, creo que era en honor del famoso Trío Miramar. Una noche, tomando unas copas e improvisando con músicos y cantantes, alguien me dijo: “Pero qué nombre tan difícil tiene usted”. Otro agregó: “Que nombre tan complicado”. En eso emergió la voz de un trompetista y en  sordina dijo es ”Ray”… Otro cantante dijo “Tico”.  A partir de ese bautismo soy Ray Tico.

AP | Después de recorrer importantes ciudades latinoamericanas te trasladás a La Habana. Cuéntanos como fue tu estadía en esa maravillosa ciudad, que en aquellos años tenía una efervescencia alucinante.

RT | En los años 1952 y 53 yo andaba en una gira centroamericana. Estuve por Nicaragua, Salvador y Guatemala. Estando en Guatemala tuve la oportunidad de amenizar la fiesta del presidente Castillo Armas y con él hice una buena amistad. Luego me trasladé a Tegucigalpa y ahí conocí al empresario árabe-cubano Santiago Babum; él era el dueño de una compañía maderera y estaba en Honduras comprando madera para llevarla a Cuba. Como se dice, “le caí bien a Santiago”. Una tarde me invitó a acompañarlo a una fiesta en su barco maderero, yo amenicé la fiesta y cuando él me pagó, yo le dije: “Don Santiago, ¿Usted va para Cuba?”, a lo cual me contestó: “¿Por qué, tú quieres ir a Cuba?”. Le dije: “Sí, quiero ir a Cuba. A ver a José Martí, cuyo monumento tengo entendido que  está en Santa Efigenia, en Santiago…”
Salimos de Puerto Cortés en la costa hondureña y en dos días estábamos en Santiago de Cuba. En esos dos días de viaje canté para la tripulación del navío y una vez más me acompañó la suerte. Pues como dije anteriormente, yo vivía en especie de “inocencia” y cómo vas a ver, a veces no contaba con las situaciones reales. Cuando llegamos a Santiago, nos esperaban las autoridades migratorias y, para mi sorpresa no me querían dejar entrar pues no tenía visa de entrada. Es muy probable que el capitán del barco me hubiese jugado una broma y, como te reitero, ése fue uno de mis tantos despistes. Él  nunca me dijo que necesitaba visa para entrar a Cuba.  Las autoridades cubanas me hicieron una indagatoria a fondo y estaban dispuestas a devolverme a Centroamérica. Fue entonces que José Martí me salvó.

AP | ¿Cómo te salva el Padre de Nuestra América?

RT | Cuando un importante funcionario cubano  me explicó lo que sucedía, hablé con él y le dije que estaba bien, que yo aceptaba devolverme a Centroamérica , pero que me diera permiso para visitar a José Martí, que yo quería, en nombre del pueblo de Costa Rica , llevarle una corona y hacerle la visita. Que por favor accediera y que me acompañara, pues yo soñaba con visitar a José Martí. Que me creyera, pues ese viaje lo había proyectado hasta Santiago con esa idea rondando en mi mente… La autoridad accedió a mi solicitud y, al otro día, para mi sorpresa ahí estaba una bellísima corona de flores multicolores  para visitar la tumba de Santa Efigenia… ¡Dios mío! Me acompañaron cuatro señores elegantemente vestidos. Eran de la Logia Masónica de Santiago y pertenecían a la Orden de la Luz. Visitamos la tumba de Santa Efigenia, hubo una ceremonia muy bonita y hasta participó un fotógrafo. Después de unas cuatro horas, regresamos al barco en medio de un calor sofocante. No se habló de nada más y yo estaba resignado a regresar a Costa Rica. A la mañana siguiente, al lado de la cama, estaba el pasaporte visado. Tenía unos sellos especiales  que le ponen a los pasaportes de los visitantes de honor. Aquello me llenó de una euforia indescriptible. No hablé con nadie de ese asunto, aun hoy pienso que fue la mano de José Martí.

AP | Permanecés unos días en Santiago y luego te trasladás a La Habana elegante.

RT | Después de ese misterioso episodio me mudé a una pequeña  pensión en Santiago. Pronto entré en contacto con los músicos santiagueros. Se me dio la oportunidad de entrar en relación con el Trío Matamoros, en esos momentos eran importantísimos músicos cubanos, habían grabado muchos discos y tenían una gran influencia en el mundo artístico de Cuba. Ellos fueron generosos, me ayudaron en aquellos momentos, me dieron dinero, me hicieron contactos y pronto estaba tocando mi música con ellos. A los pocos días estaba tomando la guagua para recorrer los 980 km que separan Santiago de La Habana.

AP | En el tiempo en que llegás a La Habana, en la isla se encuentran grandes celebridades como Ernest Hemingway,  Cab Calloway, Nat King Cole, entre otros. ¿Podrías relatarnos tu relación con el creador de El Viejo y el Mar?

RT | ¡Dios mío, qué recuerdos! Hemingway era un hombre con un carisma tremendo. Ya sabemos, un gigante de la literatura, Corresponsal de guerra, boxeador, amante de la tauromaquia, cazador en safaris. Era hermético, solitario, bebedor. Incansable  tomador de daiquiris y mojitos… Poseía fortaleza y enorme energía;  en vez de 110 voltios tenía 220. Que lo digan todos los osados que se pusieron los guantes de boxeo frente a él.. Siempre rodeado de mulatas que se enamoraban de él, pero siempre impenetrable. Él vivía en un mundo de creación y de ensueños. Por eso fue el escritor maravilloso que fue. Pienso que su mundo de soledad no lo pudo sostener y por eso su sombrío desenlace. Yo estuve con él en muchas ocasiones. Tocando en el Floridita, por el Bulevar Obispo.

AP | Eso nos remite a la famosa frase de Hemingway, a propósito de la bohemia habanera: “Daiquiri en el Floridita y Mojito en la Bodeguita del Medio”.

RT | Muchas veces me tocó acompañarlo con otros músicos amigos. Imaginate nuestra sorpresa al saber que ahí en su mesa estaban acompañándolo John Wayne, Spencer Tracy, Clark Gable,  que lo visitaban y eran sus amigos. Yo los acompañaba y les cantaba en inglés. Recordá que aprendí el idioma  inglés desde que era un niño en los muelles de Limón, aprendí escuchando a los turistas. Sin ofender, no el inglés que se habla en Limón, sino un inglés con muy buenos fundamentos… y entonces a Hemingway le parecía muy bien que yo lo acompañara, pues cantaba canciones norteamericanas y canciones en español. Más de una vez hicimos el recorrido por el Bulevar Obispo del Floridita a la Bodeguita del Medio. Ahí en la Bodeguita, que es el mayor museo fotográfico que tiene Cuba, donde se encuentran millares de fotos de  personalidades de todo el mundo, al final del pasillo, en una pared hay una fotografía mía de ese tiempo. ¡Cosa más grande!
Hemingway tenía su casa de veraneo en Cojimar. Ese lugar está situado más o menos a unas 40 millas de La Habana , ahí tenía su casa y más de una vez tuvimos el privilegio de  acompañarlo y amaneciamos con él en una gran rumba…Casi siempre iba con mis amigos los músicos:  Guillermo Álvarez, Ramoncito Veloz, Coralia Fernández, Tai Cuba, Alfredo Cataneo, Yáñez  y Cabrales…
Hemingway termina El Viejo y el Mar en Cojimar, ahí, en ese lugar paradisíaco, Ernest le dio forma a su famosa novela. Yo lo recuerdo escribiendo, y lo menos que me imaginaba era que estaba inventando la historia de  los peces y el viejo, que luego sería un famoso best-seller…

AP | Ray, por esa misma época se gesta un fenómeno importantísimo en Cuba, el Movimiento del Filing. Vos entrás en contacto con ellos, ¿Cómo sucede eso y cuándo entrás en comunicación con Angelito Díaz y los demás músicos del Callejón de Hammel?

RT | Estaba hospedado en una pensión gallega, en los alrededores del  Bulevar Obispo, por el parque Alvear, que por cierto era una pensión “baratita”. Esa tarde me puse “elegamte” y me fui a la CMQ (Radio Centro) para tratar de encontrarme con los amigos. Días atrás había hecho una prueba musical con el gran director de orquesta de planta de CMQ Adolfo Guzmán, y a él le agradó mi manera de tocar la guitarra y también le gustaron mis composiciones. Él sería una persona importantísima para que yo conociera a los muchachos del filing. Primero me dio trabajo en el teatro Wagner y luego me presentó a personas muy influyentes y músicos importantes. También  repetía que mi manera de tocar la guitarra tenía que ver con el filing… Varias veces me repitió lo mismo: “Ray, chico, tu tienes que conocer a los muchachos del filing”. Por cierto, Adolfo Guzmán es quien compuso una canción famosa, que la interpreta Bola de Nieve: “No puedo ser feliz, no te puedo olvidar,/ siento que te perdí, y eso me hace soñar, / he renunciado a ti, ardiente de pasión,/ no se puede tener conciencia y corazón”
Bueno, esa tarde fui a la CMQ y me llevaron a la cafetería; en ese lugar se reunían todos los músicos. Ahí conocí al Niño Rivera, un cuatrero prodigioso, a José Antonio Méndez, a César Portillo de la Luz, ellos eran maravillosos músicos y cantantes  y además eran los pioneros del filing. Me escuchan tocar y también me dicen lo mismo que ya Guzmán me había expresado, que sin saberlo tenía mucho de filinero. A los días hacía el recorrido a la casa de Angelito Díaz, que está ubicada en el Callejón de Hammel.  Innumerables  veces participé de aquellas memorables reuniones, tomando café cubano desde la media noche hasta las seis o siete de la mañana. Angelito ponía la casa a la disposición y aquello era conocido como el “cuartel del filing”. Ahí se reunían todos los filineros, se ensayaba, se creaba, se consolidaba  un estilo, una manera de hacer música diferente.

AP | Da la impresión de que el filing transforma el bolero cubano y latinoamericano, a sabiendas de  que éste se establece desde la mitad del siglo XIX. Recordemos que antes del filing, el bolero era considerado como música de trío… y el filing viene a romper con eso y lo transforma en otra música. En el filing podemos rastrear el jazz, el blues, “el spiritual”, sin perder las raíces de la antigua trova cubana.

RT | Ellos se identifican conmigo por mi virtuosismo en la manera de interpretar  mi música… Eso que decís del bolero tradicional, o sea la música de trío, es muy cierto,  porque hay que tomar en cuenta que los filineros eran “fascinantes” músicos y para sentarse a la par del Niño Rivera o de José Antonio o de César , mi hermano, había que pensarlo. Ya no era el toque del trío, era el toque filing,  el toque filiiiiiingggggg, con los acordes “moñosos”. Son acordes muy difíciles, que están vinculados con el jazz y el blues, muy complicados. Pero a la vez con un encanto formidable de la armonía entrelazada con la melodía… pero donde la armonía es muy difícil de descifrar, muy enmarañada; por eso la llamábamos “la moña”, y era un sinónimo de filing.

AP | Intentemos una síntesis: ¿cómo definirías la música filing?

RT | El filing es el bolero romántico.  La más hermosa expresión del amor a través de la música, sin tomar en cuenta con qué clase de instrumento. Aunque recordemos que en esos años era con la guitarra;  la prueba es que comparándola con el resto de la música del mundo, el bolero vive, pervive y se renueva. Podemos darnos cuenta de que hoy las nuevas generaciones cantan y bailan muchos de los  mejores boleros filineros en la voz, por ejemplo, de Luis Miguel. Eso es maravilloso.

AP | Tu composición “Romance a La Habana” está considerada por la crítica internacional y los musicólogos  como una pieza magistral. Se argumenta que es el máximo homenaje que un compositor le ha conferido a una capital. Podrías contarnos acerca de su gestación…

RT | En los días que íbamos con Hemingway a Cojimar creo que ahí empezó a darme vuelta y vuelta esa composición. En un fin de semana fui con Ramoncito Veloz, Tai Cuba,  el Niño Rivera y otros músicos. Fuimos después de haber tocado toda la noche en La Habana.  Amanecimos en el Mercado de La Habana. Ahí concurría la sociedad habanera, la costumbre era “tomar sopa china” en el mercado y ahí encontrabas a señoras muy elegantes con sus vestidos largos y sus pieles y los  caballeros con trajes refinados, todos ellos rodeados de los  chinos del mercado.  Aquello era una gran fiesta.
En esos días yo manejaba una alegría indescriptible. Vivía enamorado de Cuba, de la hospitalidad de los cubanos, enamorado del ritmo, enamorado de las mulatas, vivía en un estado de euforia increíble. Aunque me faltaba la plata, me sentía un millonario, pues con una moneda de veinte centavos me alcanzaba para comprar “una frita” que era un bistek envuelto en dos panes con mojo… y un vaso de café cubano. Esa merienda me alcanzaba para todo el día. Esto en el Colonial en Habana Vieja. Lo que te quiero decir es que toda esta vivencia me fue insuflando esa alegría de la que te hablo. Sentía lo que me estaba sucediendo y que yo estaba “en un paraíso encantado”.
Y entonces, cuando llegamos a Cojimar y después de escuchar a Ramoncito, a Tai Cuba y al extraordinario músico que es el Niño Rivera, llegó un momento en la mañana que yo miraba el cielo azulado que solo La Habana lo tiene, y había palmeras y palmeras y sol…y empecé a tararear Habana, palmeras y sol, paraíso encantado, Habana paraíso encantado en un marco de dulce ansiedad, yo sentía una enorme desesperación… Habana paraíso encantado… Y al verte yo a ti…en mi alma sentí renacer el amor el amor que he buscado sin fe… y en tus playas al fin lo encontré…
Fue como una revolución interior… Era algo que se venía fraguando y sin ningún esfuerzo brotaba. Y tomé la guitarra y los acordes fueron emergiendo con una enorme soltura. A partir de ahí me di cuenta que tenía una brillante composición. Estuve durante muchos días trabajando la melodía y la letra hasta que pensé que la tenía terminada.

AP | ¿En qué momento das  a conocer Romance a La Habana?

RT | Tuvo varios pasos hasta que se estrenó. Como te digo, la suerte siempre me acompañó. El primero que la escuchó fue el Niño Rivera y quedó asombrado. Luego fui donde Adolfo Guzmán y él me ayudó a hacerle algunos ajustes musicales. Y luego, cuando estuve cantando en La Campana conocí a Olguita Guillot y a su hermana María Luisa Guillot, que también era una excelente cantante.  Con Olga hicimos una óptima amistad y ella fue la que me llevó a cantar a Tropicana. Ella escuchó la composición y se emocionó mucho. A los días me trajo la noticia de que Romance a La Habana, sería cantado por ella en la programación de CMQ para la televisión cubana. La orquesta de CMQ, bajo la dirección del maestro González Mantise, que era un músico sinfónico que venía llegando de la Unión Soviética. El estreno fue espectacular, Romance a La Habana, tocado por una gigantesca orquesta y nada menos que con la voz de Olga Guillot. ¡Dios mío, no podía creerlo…!

AP | Habana, cómo es conocida  tu bella composición, tuvo un  auge inusitado. Rápidamente la interpretan agrupaciones y es rastreada de cerca por importantes músicos… Contanos como  se da tu encuentro con el notable jazzista cubano Paquito D’ Rivera.

RT | La primera vez que Paquito vino a buscarme a Costa Rica fue en los años setenta. Desde entonces han pasado muchas cosas. La primera vez no me encontró y, en aquel tiempo, el Ministro de Cultura de turno trató de que él se quedara para que diera uno de sus famosos talleres de saxo y de clarinete y entonces se dice que Paquito le dijo: “Me quedo solo si usted me pone en contacto con Ray.” No se pudo, pues en esos días yo estaba invitado por otro país. El ministro quería aprovechar la comunicación que tiene Paquito con los jóvenes músicos sinfónicos, pero ya ves que no se pudo.
A los años, yo estaba establecido en San José. Tenía un bar por el barrio Carit y Paquito llegó sorpresivamente a San José; en ese momento tampoco pudimos encontrarnos, pues yo estaba fuera de la ciudad. Cuando regresé me dijeron que Paquito me andaba buscando, y que esa noche tocaba con la Sinfónica Costarricense en el Teatro Nacional y que estaría interpretando Romance a La Habana. Imagínate. Esa misma noche lo visité en su camerino del Teatro Nacional. En el momento de vernos nos fundimos en un abrazo fraternal y a partir de ahí mantenemos una estrecha relación. En el diálogo que mantuvimos me contó que desde muy niño estaba interesado por conocer al compositor de Romance a la Habana. Habían pasado más de vientitantos años y ahí estábamos. Con el paso de los años me pone en contacto con músicos de la talla de Arturo Sandoval, ese extraordinario jazzista que también incluye Habana entre su repertorio. 

AP | Se podría afirmar que Paquito D’Rivera es uno de los músicos contemporáneos que más ha ejercido influencia para que Habana sea  hoy en día  un clásico latinoamericano.

RT | Claro que sí, y yo estoy en deuda con él. Paquito se ha encargado de grabar varios CD con  Habana. Son unas grabaciones de gran calidad, con unas versiones estupendas dónde él interpreta unos apasionados  solos con su maravilloso tubo. En los conciertos que ofrece por todo el planeta tengo el privilegio de  que Habana está presente.

AP | ¿Algunos músicos y agrupaciones que interpretan Habana?

RT | Bueno, antes de Paquito D’Rivera otros músicos se habían sentido atraídos por esa composición. Ya la habían llevado al acetato Los Chavales de España, El Negrito del Batey, Bola de Nieve, La orquesta de René Hernández con Tito Puente y, claro, también Olguita Guillot la seguía cantando con aquella saudade pero a la vez con ese ritmo afrocaribeño. Habana se convierte poco a poco en un clásico latinoamericano. Recientemente se han dado grabaciones de muy alta calidad de la Sinfónica de Alemania, la Sinfónica de Buenos Aires, y del cuarteto de jazz de Paquito D’Rivera acompañado de notables  músicos contemporáneos. Por cierto, esta grabación, que contiene otras composiciones latinoamericanas, estuvo nominada al  Premio Grammy.

AP | Ray, no somos pocos los amigos que  nos preguntamos en diferentes ocasiones por qué no se  puede adquirir en el mercado discográfico tu música en casetes o CD. ¿Por qué vos con esa privilegiada trayectoria no accediste a grabar tus creaciones para estar en el mundo del  disco?

RT | Quizá se deba a que toda la vida fuí un artista muy despistado. Y también desinteresado. Vos sabés que le tengo mucho temor a la riqueza, al dinero, a la plata. Nunca me ha llamado la atención. Por cierto, estando en Nueva York, conocí a un médico alemán. Un día de tantos, después de tocar para él y su familia,  me dijo: “Ray Tico, seguro que usted le va a cantar a la mafia de Nueva York. Tiene que tener mucho cuidado. Cantele a la mafia, pero no les reciba dinero. Reciba a cambio otras cosas: ropa, zapatos, encendedores, regalos, etc “Cante haya o no haya plata, pero no se complique la vida.” Aquel consejo lo he puesto en práctica hasta el día de hoy. Vos sabés que participo en muchas actividades socioculturales y toco y canto haya o no haya plata.  Me da rabia  y  tristeza ver a mis semejantes locos por la plata. A falta de dinero, he tenido otras cosas esenciales: salud, amigos, y además algo muy importante: mi realización como artista.

AP | ¿Cómo compositor vos necesitás momentos especiales para componer tus temas? O sos de la clase de artista que tenés secretos, artilugios…

RT | Creo que la inspiración me llega por diferentes conductos ¡Dios mío! Te voy a contar una anécdota de algunas de mis composiciones que hice en Nueva York. Un día de tantos me enamoré de una muchacha puertorriqueña muy bonita y simpática pero lo terrible era que ella estaba ligada a la mafia. Ella manejaba un bar y era la jefa de cuatro hampones italianos. Ella montaba “la cama” y ellos daban el finalazo. Imagínate, en uno de esos trances por cierto mataron a dos de los mafiosos. De ella se enamoraban los mafiosos italianos. Eran amores turbulentos y llenos de ignominia. Yo me enamoré de ella, pero canalizaba  mis sentimientos haciéndole canciones. Por ejemplo, le compuse “Solo para recordar”. Nos hicimos muy amigos y  una vez la policía de Nueva York la tomó presa por sus actividades ilícitas. Todos sus amigos se retiraron de ella, ya se sabe que cuando se está en la cárcel no hay amigos. Yo continué escribiéndole canciones y se las llevaba a la cárcel. Seguro que un día la policía interceptó mis canciones y llegaron a buscarme a mi apartamento. Por supuesto que encontraron guitarras, amplificadores, y las composiciones dedicadas a la Dama. Después se darían  cuenta de que era solo un músico enamorado… 
Para componer no tengo secretos. Solo tengo que estar enamorado unos minutos de una bella mujer, de un paisaje, de la naturaleza… de la vida.

AP | Tu composición Puerto Limón tiene gran diferencia con el resto de tus canciones. Si se quiere, tiene una estructura narrativa y es música integrada con el ser costarricense. ¿Podrías contarnos algo de esa canción que poco a poco se va a dando a conocer en los diferentes segmentos de la población y que algunos grupos, principalmente los del Calypso la tocan por los bares y calles de la ciudad de San José?

RT | En el año 1973, Hernán Garrón, mi amigo del alma –nos criamos juntos en Puerto Limón, desde niños nos conocemos, figurate que él vendía hielo y yo vendía helados–, siendo presidente de la junta directiva de JAPDEVA me invitó a Limón. Me hicieron una serie de homenajes tanto los Rotarios, como el Club de Leones; me otorgaron placas de reconocimiento. Todo muy bonito. El día que llegué había una huelga de los estudiantes de secundaria y cuando ellos se dieron cuenta de que yo llegaba  suspendieron la huelga y me recibieron cantando “Eso es imposible”.
Yo siempre he amado a Limón. Entonces me venía dando vueltas componerle una canción a mi provincia. No quería hacer un bolero, pues se entiende que Limón requería algo más, que tuviera una correspondencia con su rica cultura, con su música, con su exuberante  folclore. Seguro que alguna vez que viajé en el tren “el Pachuco”, se me fue iluminando la creatividad y ahí empecé a escribirla. En ella hago el recorrido  musical desde la salida del tren hasta su llegada a San José. Utilizo una serie de voces limonenses en el patúa de la provincia y voces del valle central, del lenguaje popular.  Hago referencias al Rice and Beans, al Patí, al pan Bon, al tren “el Pachuco”. A la estación de los negritos. A los vendedores ambulantes. A las ciudades aledañas, Turrialba,  Tres Ríos, Curridabat, Batán, Milla 28,  Ochomogo.  A todo el asombro que producía  efectuar el viaje de Limón a San José. Por cierto, mirá las ironías  y contradicciones de nuestra cultura, ahora ya vos no podés hacer ese itinerario, solo queda la canción. Después la fui trabajando y, tras año y medio, la tenía concluida. La canción es un poco difícil  de digerir pues dura unos veinte minutos. Es anticomercial. Pero pienso que poco a poco se va dando a conocer. Hay algunos calypseros limonenses como Johny Dixon que la interpretan en versiones más cortas. También he escuchado que otros músicos nacionales se están interesados  por ella. En fin, ese es mi homenaje a Limón.

AP | Además de Habana y de tantas otras composiciones que se han erigido en cúspides  de la música latinoamericana, tu bolero “Eso es imposible” le ha dado vuelta al planeta. ¿Cómo creaste una canción tan hermosa?

RT | Un día de estos me di cuenta que en muchas de mis canciones se me cuela Jesús. Vieras que yo no le doy permiso,  pero él siempre está ahí . En “Eso es imposible” sale el nombre de Jesús: “Es igual que arrancar de mi alma la fe en Jesucristo…”
Yo la compuse en el año  1956. La que me inspiró fue Flory Navarrete, hermana de nuestro gran músico Paquito Navarrete. Yo visitaba con mucha frecuencia la casa de ellos y en algún momento ella se enfermó, y a la vez yo salía para Puerto Rico y Nueva York; entonces, a manera de despedida, le dije: “Flory, me marcho para Puerto Rico… no me pidas  jamás que te olvide, porque eso es imposible…” Ese es el inicio de la canción. Luego le estuve dando  forma hasta que la terminé.

AP | No es corriente que un compositor cuando ha escrito alguno de sus temas considere que éste vaya a trascender. Pero de este bolero podemos afirmar que es una de tus composiciones más escuchadas e interpretadas por músicos y boleristas de todo el planeta.

RT | Es cierto lo que decís. Ya en 1970 el bolerista mexicano Marco Antonio Muñiz la grabó con un arreglo maravilloso de Magallanes, bajo la dirección del maestro Rubén Fuentes, que es el compositor de la “Bikina” y “Es un escándalo dicen”; él fue el primero en grabarlo con gran éxito. Después de Marco Antonio, la canta una gran cantidad de boleristas en todo el mundo y existen versiones en diferentes idiomas.

AP | Ray, para finalizar, ¿podríamos afirmar ¿qué “Eso es imposible” es un bolero filing clásico?   

RT | Por supuesto, mi querido amigo. Como “La gloria eres tú”, “Sinceridad” y “Rosa Mustia”, para  nombrar solo  tres piezas estelares del bolero filing clásico…

[La Habana Vieja, 2004.]



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Organização a cargo de Floriano Martins © 2016 ARC Edições
Artista convidado: Fred Svendsen (Brasil, 1960)
Agradecimentos: Amirah Gazel
Imagens © Acervo Resto do Mundo
Esta edição integra o projeto de séries especiais da Agulha Revista de Cultura, assim estruturado:

1 PRIMEIRA ANTOLOGIA ARC FASE I (1999-2009)
2 VIAGENS DO SURREALISMO, I
3 O RIO DA MEMÓRIA, I
4 VANGUARDAS NO SÉCULO XX
5 VOZES POÉTICAS
6 PROJETO EDITORIAL BANDA HISPÂNICA
7 VIAGENS DO SURREALISMO, II
8 O RIO DA MEMÓRIA, II
9 SEGUNDA ANTOLOGIA ARC FASE I (1999-2009)
10 AGULHA HISPÂNICA (2010-2011)

Agulha Revista de Cultura teve em sua primeira fase a coordenação editorial de Floriano Martins e Claudio Willer, tendo sido hospedada no portal Jornal de Poesia. No biênio 2010-2011 restringiu seu ambiente ao mundo de língua espanhola, sob o título de Agulha Hispânica, sob a coordenação editorial apenas de Floriano Martins. Desde 2012 retoma seu projeto original, desta vez sob a coordenação editorial de Floriano Martins e Márcio Simões.

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