terça-feira, 26 de janeiro de 2016

ALBERT MARENCIN | André Breton y los destinos del Surrealismo checoslovaco


Cuando André Breton llevó a Praga, a fines del mes de Marzo de 1935, para dictar en compañía de Paul Eluard, una serie de conferencias durante las cuales expuso sus reflexiones sobre el papel político del arte, publicadas más tarde en la obra titulada Opciones Políticas del Surrealismo, encontró un grupo importante de surrealistas checos, compuesto por poetas, pintores, críticos, lectores cultivados y diversas personas interesadas en el movimiento.
Por esta época existía ya en Checoslovaquia un grupo surrealista muy activo, fundado un año antes, en Marzo de 1924, por el poeta Vitezlav Nezval y el crítico Karel Teige, al que se unieron numerosas personalidades.
Treinta años después, en 1966, al morir André Breton, los artículos publicados por la prensa literaria checo-eslovaca eran escritos por poetas y críticos jóvenes, es decir hombres que en la época del viaje de Breton a Praga no tenían la menor idea del surrealismo, puesto que aun estaban en su adolescencia y muchos ni siquiera habían nacido. Los viejos amigos de Breton y los fundadores del grupo surrealista de Praga habían muerto.
Aclaremos que ninguno de ellos murió de vejez, esa muerte apacible que viene al término de una existencia lograda. Ninguno llegó a la edad en que Breton murió y todos partieron prematuramente, sin consumar su obra artística, desaparecieron antes de tiempo, aplastados por el peso de una época demasiado dura.
En plena actividad creadora un infarto de miocardio se llevó a V. Nerval, lo mismo que a su amigo de otro tiempo K. Teige. El primero reconocido como "artista nacional" y el otro considerado como el genio maldito de la literatura checa. Otro poeta, Constantín Biebl, arrastrado al final por los dogmáticos de la era estaliniana se suicidó. Zavis Kalandra, crítico lúcido y pertinente, pereció en el cadalso. El compositor Jaroslav Jezek, exilado en Nueva York durante la guerra, murió allí en la miseria. E igualmente durante la emigración después de la guerra, falleció en París el poeta Jíndrich Heisler, el pintor Jindrich Styrsky desapareció durante la guerra, algunos años antes que Jíridrich Honzl, quien revolucionara el teatro checo. Una de las pocas personas, sino la última que sobrevivió física y artísticamente a la disolución del grupo surrealista checo fue la Toyen -Maria Germinova-, quien emigró en 1948 para instalarse en París, prosiguiendo con su actividad de pintora surrealista hasta su muerte en 1980.
La disolución del grupo surrealista checo en vísperas de la ocupación nazi hacia finales de 1936 y la muerte física o artística de sus miembros durante los años agitados de la guerra y la post-guerra, no fueron obra del azar, sino el resultado inevitable del destino trágico al que estaba predestinado desde su nacimiento. En efecto, su evolución se encuentra determinada por las condiciones históricas y políticas complejas, inextricables, que agitaban a la Europa Central en el curso de los años treinta y cuarenta; desde su entrada en escena fue conducido a luchas a las que sus fuerzas apenas se habían adaptado pues se trataba no solo de liberar el espíritu humano, sino también de salvaguardar la existencia pura y simple del hombre que ahora se encontraba gravemente amenazado.
Estas circunstancias externas y ciertas condiciones internas de su evolución han dado al surrealismo checo rasgos específicos que lo distinguen del surrealismo tal como lo concebía André Breton. Esto radica en el hecho de que el surrealismo representa en Checoslovaquia la última etapa de una amplia corriente de vanguardia que desde comienzos del siglo progresaba unida estrechamente a la vanguardia política, socialista y comunista y de otra parte, en que el grupo surrealista checo se creó en el momento exacto en el que todas las fuerzas progresistas de izquierda acababan de unificarse en un frente revolucionario antifascista. No es entonces extraño que el principio teórico del surrealismo establecido por Breton, bajo condiciones históricas y sociales de hecho diferentes, solo haya sido adoptado en Checoslovaquia con ciertas modificaciones y notablemente con un regreso a esa etapa del surrealismo francés cuando este actuaba en estrecha colaboración con el Partido Comunista (en el momento en que se constituye el grupo de Praga, Breton y Eluard ya habían dejado el P.C.F.), que bien se puede caracterizar con esta frase muy conocida de Breton: "Transformar el mundo, decía Marx; "Cambiar la vida", decía Rimbaud: estas dos consignas son para nosotros una sola".
Es igualmente significativo que el grupo surrealista de Praga haya anunciado su creación con un texto que se abría con una paráfrasis de las primeras palabras del Manifiesto Comunista: "Europa Revolucionaria está asediada por el fantasma del fascismo". En este mismo texto se reivindicaba también el materialismo dialéctico y la lucha de clases y tomaba partido por André Breton contra los falsos surrealistas al servicio de la contra-revolución. La primera manifestación de este grupo fue el envío de una carta al Centro de Propaganda del Partido Comunista checo en la que -detalle insólito- los firmantes se referían a Stalin: "quien en nombre del marxismo-leninismo se puso en contra de las tendencias igualitarias de izquierdistas obtusos". El Partido Comunista acogió la acción de los surrealistas con la misma dosis de simpatía que incertidumbre. En el transcurso de un gran debate público llevado a cabo ante unas mil quinientas personas y en el que muchas personalidades eminentes pidieron la palabra los representantes del Partido Comunista saludaron a los surrealistas coma aliados en el seno del frente revolucionario, mientras le dirigían ciertas críticas, mostrando reservas sobre todo en lo concerniente a la concepción filosófica del surrealismo, en el que percibían una dosis peligrosa de idealismo.
De todas formas, el tono mesurado y amigable de estos críticos era estimulante. "Nuestros críticos no tienen nada en común con la campaña anti-surrealista desencadenada por la prensa reaccionaria", decía el joven comunista Ladislav Stoll, el mismo que, veinte años más tarde, en la conferencia de Escritores Checos, en enero de 1958, iba a asumir el papel de gran inquisidor. Teige se convertía en un "genio maldito", Breton en un agente de la desviación trostskysta, y los surrealistas en saboteadores refinados, que solo se habían adherido a la política del Partido Comunista para minarlo desde el interior. Es cierto que estos veinte años conllevan el signo de grandes cambios: la revolución española fue ahogada en sangre; los procesos de Moscú proyectaron una sombra negra en el espíritu y en el corazón de millares de comunistas del mundo entero; la creciente amenaza del fascismo hitleriano, tras la cumbre de Munich, entrañaba el desmembramiento de Checoslvaquia y terminaba en guerra. El grupo surrealista se disolvió y sus miembros tuvieron que exiliarse o sumirse en la clandestinidad, pero, por una trágica paradoja, estos años negros fueron para los surrealistas checos menos fatales que los de la época siguiente, marcada por Stalin y el culto de la personalidad, la cual lleva los frutos monstruosos de la concepción stalino-zdanovianna del arte, en la cual este es considerado como un medio al servicio de las tareas políticas más inmediatas: el arte se convierte así en un simple instrumento en manos de los políticos; privado de su esencia, deja de ser libre expresión de un pensamiento poético y se convierte en interprete del funcionario situado tras el poeta, o peor aún, directamente en su cabeza.
Sin embargo, siendo todo extremadamente desfavorable para el libre vuelo de la actividad surrealista, estas circunstancias no fueron la causa decisiva de la desaparición del surrealismo checo, que se vio limitado al silencio por causas diferentes a la intervención de factores externos. En algunos casos, la presión ejercida por las autoridades tuvo, por el contrario, efectos inmediatamente opuestos a aquellos que se podrían haber predicho. Así, por ejemplo, bajo el régimen clérigo-fascista del Estado eslovaco, durante los años más sombríos de la guerra, se formó en Bratislava un grupo surrealista, que se remitía a Breton y a Nezval, he iniciado en torno a los principios poéticos del surrealismo francés y checo. Podría decirse que toda una generación de la intelligentzia eslovaca se alineo bajo la insignia del surrealismo: los críticos Michal Povaran y Mikulas Buncak, Jan Rak, y los pintores Ladislav Guderna y Yilo Chmel, por no citar sino a los más prestigiosos. Es cierto que la actividad de los surrealistas eslovacos apenas desbordaba el dominio estético -la poesía y la pintura- pero la metáfora surrealista era casi siempre el vehículo de un pensamiento revolucionario, humanitario, antifascista. Este grupo, numeroso, sobrevivió también a la tormenta de la guerra, resistiendo todas las presiones exteriores, para capitular finalmente, casi sin las condiciones, ante aquellos que consideraron siempre como sus aliados, creyendo contribuir inocentemente, por medio de este suicidio, a la realización de lo que había sido su propio ideal.
La práctica del sacrificio del yo, de la autocrítica hasta la autodestrucción -tan característica de la vida política y cultural de los países socialistas durante el primer decenio de la posguerra- tiene profundas raíces históricas y filosóficas. La evolución de la mayoría de los surrealistas checos y eslovacos fue compleja y es por vías singularmente sinuosas que llegaron al surrealismo. Nezval y Teige, por ejemplo, antes de convertirse en los jefes de mando del movimiento, habían negado durante largos años todo valor, estético, moral o político a la rebelión surrealista. Todos eran comunistas militantes o simpatizantes mucho antes de su adhesión al surrealismo, y puede decirse que igualmente no lo hubieran aceptado sino en la medida en que lo pudieran armonizar con su concepción comunista del mundo. De hecho, como la política cultural stalinista iba a lograr que este acuerdo entre la revolución social y la rebelión poética se hiciera cada vez más difícil y finalmente imposible, todos se encontrarían, más tarde o más temprano, en la encrucijada donde era necesario elegir decididamente entre el comunismo y el surrealismo. Algunos, como Teige y Toyen, decidirán separarse de los comunistas desde el momento del proceso de Moscú. Pero otros, a decir verdad la gran mayoría, elegirían la vía opuesta, convencidos de que su elección iba acorde con el sentido de la declaración hecha por André Breton en el periódico Halo-Noviny, durante la estancia en Praga, en marzo de 1935: "El arte de la propaganda se justifica plenamente en un período de crisis, y Maiakovski ha probado que puede defenderse como arte". Por una interpretación inocente y dogmática de dicha declaración de Breton, llegaron a concluir que la situación presente -considerada como un período de crisis- el arte exigido por los dirigentes políticos era preferentemente justo y válido, con mayor razón si el socialismo era para ellos una etapa indispensable en el camino de la liberación del hombre. Ni decir que las obras nacidas bajo tal estado de espíritu eran de una mediocridad lamentable. La negación del surrealismo se traduce a fin de cuentas en una negación pura y simple de la poesía y de sus ideales revolucionarios, lo que no favorecía en nada la liberación del hombre, sino que al contrario contribuían a subyugarlo, a obligarlo a aceptar todas las ignominias de la era staliniana, a alejarlo de todo pensamiento creador.
Estos momentos trágicos que tan profundamente marcaron la evolución del surrealismo en Checoslovaquia, no lograron sin embargo interrumpir la continuidad del movimiento: esta ha sido asegurada durante estos 50 años por decenas de poetas, teóricos, pintores y filósofos y continúa hasta nuestros días con la actividad del actual grupo checoeslovaco, compuesto por personalidades como Karol Baron, Frantísek Dryje, Josef Janda, Jiri Koubek, Albert Marencin, Alcoa Nadvornlikova, Ivo Purs, Martin Stejskal, Ludvik Svab, Jan Svankmajer, Eva Smankmajerova y especialmente el teórico del grupo Vratislav Effenberger, que murió el 10 de Agosto de 1986. Lejos de ser nada más que un pálido reflejo de los movimientos predecesores -animados por Karel Teige en Checoslovaquia y André Breton en Francia-, este grupo particularmente orientado en el sentido de la creatividad y de las actividades colectivas asegura y reafirma la persistencia de la sensibilidad y del pensamiento surrealista por medio de incesantes investigaciones e invenciones poéticas nuevas.
Karel Teige decía hace veinte años: "El Surrealismo se encuentra hoy en la situación de un naufrago. Compréndanme bien: un naufrago, es alguien que ha atravesado una tempestad y que se encuentra en un aprieto, pero que no ha podido hacerse escuchar ni dar signos de vida; en consecuencia, se le da por muerto. Hoy en día el menor signo de su retorno hace temblar a quienes se preparaban a vivir confortablemente de su herencia y que, para decirlo todo, esperaban secretamente que este pensamiento dinámico y rebelde, perdido desde hace tiempo, no volviera nunca más a trastornar el orden y la calma llana de la vida cultural...". Estas palabras de Teige resultan hoy más actuales que nunca.




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Albert Marencin (Tchecoslováquia, 1922). Poeta e artista plástico ligado ao Surrealismo. Texto traduzido para o espanhol por Oscar González, cujo carinho do envio para a redação da Agulha Revista de Cultura veio acompanhado das seguintes palavras: "Este ensayo, en francés, me fue enviado por él - Marencin -, a través de una persona en Francia, y después de tenerlo por ahí, entre mis libretas y folderes apareció de nuevo. Considero que no ha perdido su actualidad, cuando hoy, ya no existe la República Checoslovaca, sino Eslovaquia y la R. Checa, lo cual demuestra y prueba de manera incontestable que la sensibilidad, la creación y la poesía no tienen fronteras." Contato: ojgonzal@sigma.eafit.edu.co.






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